
Decir que un robot pueda reemplazar el trabajo de un periodista , es como afirmar que una sopa instantánea es igual a una hecha por la mamá, o por lo menos sabe igual, o es más saludable.
Lo mismo sucede con el robot periodista y quien ejerce esta profesión, quizás realicen la misma tarea, pero en esencia son diferentes, lo escrito por la máquina será más objetivo, pueden pensar algunos, pero lo escrito por el robot carece de humanidad, y es este característica con la que compite el periodista, porque se informa a humanos no a máquinas.
El asunto de la objetividad es importante, por ejemplo el dueño de la empresa que hace las sopas instantáneas habrá hecho un estudio de cuáles son las sopas más comunes, las que más gustan y las que él pueda realizar con más facilidad; es decir en ese estudio de mercado hay un interés subjetivo de ganar, no perder y que se consuma el producto. Lo mismo pasa con el robot quien inserta en éste los códigos con terminaciones, dichos y frases comunes ha depositado en la máquina su propia postura o la de quien tenga interés en que ese robot se venda o reemplace a los periodistas.
La noticia es degradante para quien como yo ha dedicado 4 años de su vida a estudiar el periodismo, cómo hacerlo, cómo pensar en la gente a la hora de escribir, imagínense como debe ser la noticia para quienes llevan más años como profesionales, aman lo que hacen y disfrutan hacerlo; ahí está el secreto en disfrutar y amar lo que se hace, para lo que nacimos, para lo que estudiamos y para lo que trabajamos, eso nos diferencia de las máquinas en que algunas veces nos convertimos porque dejamos de ser propositivos para ser operativos, y al final lo único que nos diferencia de la máquina es que comemos, dormimos y hablamos.
Es el momento de cuestionarse como la modernidad nos absorbe con los relojes, por ejemplo: las horas que invertimos en almorzar, algo tan sencillo como lo que sucede en esta Universidad en el momento de programar horarios donde no hay un receso considerable entre una clase de 12m y una clase de 2p.m, donde los estudiantes deben almorzar en menos de 20 minutos cualquier porquería rápida que encuentren; la clara evidencia que las Instituciones también están inmersas en el afán de la modernidad. Memo Ánjel dice que un almuerzo real dura dos horas y que el día empieza a las 9am, pero esto sólo pasa cuando el trabajo y la modernidad no absorben lo que encuentran a su paso.
Lo anterior son síntomas de cómo un fenómeno como la modernidad que llegó de manera lenta a nuestro país, y del cual aseguran ni siquiera ha llegado, esclaviza al ser humano al tiempo, al trabajo, a la efectividad y a las tareas rápidas de manera operativa.
Al final sólo me queda cuestionarlos: ¿qué sopa prefieren la instantánea o la casera… si les gusta las instantáneas creen que es la más saludable?.
Por:
Marcela Palacio Orozco

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