miércoles, 26 de mayo de 2010

AÚN EXISTEN AUTORES PARA LA POSTERIDAD


Con el pasar del tiempo hay ciertas cosas que comienzan a volverse obsoletas, unas porque dejan de cumplir con su función, otras porque son reemplazadas por unas más nuevas y/o por la moda y el auge.

Lo mismo sucede con ciertos fenómenos como la escritura y la música que se vuelven obsoletos en la medida que son convertidos en textos y canciones pensadas para permanecer por un momento o una época. La trascendencia de las cosas depende de la autenticidad y calidad de su creador, por eso hay quienes aún son fanáticos de Queen, de Rolling Stones, de los Beatles, entre otros.

Al referirnos a la escritura, muchos podrán afirmar que hay textos que perduran en el tiempo porque son un referente no sólo histórico, sino que permite leer una cultura, un tiempo y un espacio, por lo menos así lo afirma el comunicador social e historiador, Ramón Maya.

Sin embargo hay otros como el ensayista, periodista, economista y doctor en ciencias sociales, Vicente Verdú que en una entrevista para el programa Periodismo Virtual afirma que así como las pinturas sienten la llegada de la fotografía, lo mismo pasa con la escritura que siente la llegada por ejemplo de las cámaras de video que hacen posible narrar el interior de una casa de manera más sencilla y descriptiva que como lo hace ella. Un gran reto para nuevos y antiguos escritores.

El nombre de Vicente Verdú para hablar de la trascendencia de la escritura se hace totalmente fundamental, puesto que un escritor que a sus 68 años logre generar no sólo inmediatez y actualidad en lo que escribe, sino textos que leídos dentro de 50 años van a tener aplicabilidad y que seguro serán una y otra vez renombrados, es un autor digno de admirar, leer y citar.

Sus últimos dos libros “No ficción” publicado en el 2008 y “El capitalismo Funeral” en 2009 son la evidencia de una nueva forma de la novela, basada en la introspección , definida como la capacidad de analizar diversas situaciones echando una mirada sobre lo interno de cada uno.

Leyendo uno de los capítulos de “No ficción” se puede ver más que el novelista rígido clásico, un novelista libre, claro, muy coloquial y generador de lectores. Por algo será que él mismo de manera crítica a la novela tradicional afirma que “la realidad funciona como una forma idónea de mentir”.

Para la psicóloga Lina Marcela Palacio “a los seres humanos se les hace cómodo que les mientan, puesto que la ficción está muy cerca del ideal y como humanos les incomoda la verdad, esto hace frecuente que les guste más los libros y las películas con finales felices, que las que más se asemejan a la realidad”.

Continuando por la línea de la trascendencia de la escritura, sería necesario mencionar como Verdú en su obra “No ficción”, menciona reiteradamente la existencia de su blog en la web; para muchos un asunto de poca importancia, pero para quienes conocen la utilidad que actualmente tienen las redes sociales, la web y lo digital, es un asunto fundamental para la supervivencia de un autor y sus textos.

Los blog pueden parecer un espacio lleno de mentiras, noticias falsas o sin corroborar pero para un escritor de periodismo de opinión, un blog es la forma más global de hacer presente lo que piensa, lo que siente y sus reflexiones sobre temas de interés en la opinión pública.

Es de admirar el espacio de Verdú en la web, un blog con un diseño sobrio, que contiene desde críticas, hasta anécdotas que poseen una extensión precisa y son fáciles de comprender, lo que los hace textos de interés común.
Vicente es un escritor capaz de convertir los problemas actuales, crisis financieras, guerras, problemas socio-culturales en textos llenos de asuntos cotidianos que dejan el buen sabor de un buen texto, de una buena comparación y de una buena reflexión.

A pesar de ser un escritor cuyo uso del lenguaje es muy formal, sus obras se preocupan por la modernidad desde lo humano y desde asuntos simples que pueden ser la clara evidencia de fenómenos globales.
Dentro de sus obras se nota su tinte de economista, como su perfil profesional da cuenta. Lo que escribe es la mezcla entre la preocupación social con base en fenómenos económicos como el capitalismo, y otros fenómenos contemporáneos como el fútbol, lo que los empleados hacen un fin de semana por ejemplo, y otros asuntos cotidianos que dan resultado a su obra, la cual rompe con los esquemas de la completa veracidad y lo tradicional.

Los fenómenos sociales, económicos y políticos a los que está sometido la humanidad, han sido frecuentes, duraderos y repetitivos en la historia, tres características que han impedido el entendimiento y la busca de soluciones para éstos, con Vicente Verdú quizás no se encuentren las soluciones para un capitalismo que condiciona a los hombres a vivir sólo para subsistir, pero a través de él se logra entender cómo funciona el capitalismo desde el hogar, cuáles son sus etapas y como estamos esclavizados a éste.

De Vicente Verdú hay mucho por decir, pero para concluir este texto es necesario desligar de él su profesión de escritor para ubicarlo como un hombre preocupado por el futuro del mundo, preocupación que refleja en su producto, a través del cual no intenta verificar o desmentir, por el contrario invita a la reflexión e intenta mantener ciertos valores humanos.

En su última publicación en el blog critica a la Dirección de Consumo que ha denunciado a comerciantes por vender pulseras que prometen equilibrio. Verdú afirma que no se puede denunciar un producto que vende “fe” a las personas y como él mismo dice: ¿qué tiene de malo vender esperanza?.

Las cosas se vuelven obsoletas, pierden importancia, no funcionan y son reemplazadas en la medida que el mundo “trasciende”, pero son los seres humanos los encargados de la trascendencia de éste y de la permanencia de lo positivo, como lo es por ejemplo la escritura, el arte y la música.

Por:
Marcela Patricia Palacio Orozco

lunes, 10 de mayo de 2010

Lo pertinente al borde de la impertinencia


¿A quién no le ha tocado tener una conversación de política con un taxista o aún peor con los tíos, abuelos y otros familiares, que no escuchan y hablan desmesuradamente de los mismos temas, con las mismas excusas y repiten como loros lo que escucharon en el noticiero de medio día?
La situación es bastante particular y hace de la opinión un asunto generalizado y con grandes polarizaciones, me refiero a que no hay puntos medios, sólo pasiones encontradas entre los que les gusta y los que no les gusta ciertos temas.
Para hablar de pertinencia es necesario partir de esta situación porque con base en esta se puede determinar lo que es pertinente y lo que no lo es en ciertos casos como en el mencionado al principio.
Terminando la semana empecé a leer diariamente algunas columnas de opinión como las de SEMANA, El Colombiano y El Tiempo, y seguía escuchando en las mañanas la emisora que siempre escucho, LA F.M, cuando voy en el carro para la Universidad; leyendo esto no pasaba nada raro, o por lo menos nada diferente a lo que yo escuchaba repetidamente en los medios, sólo al leer dos columnas propiamente, una en SEMANA y otra en El Colombiano entendí que sucedía con la opinión en Colombia y lo impertinente que era sobre ciertos temas.
Primero, antes de dar a conocer lo que entendí que pasaba con la opinión en Colombia, mencionaré ciertos aspectos rescatables como por ejemplo: la proximidad en los temas de opinión de los medios nacionales, son correctos y bien pensados, así mismo la variedad de los temas para todos los públicos, no sólo se refiere a temas políticos como pasa frecuentemente en Colombia, sino que usa otros de actualidad y de interés social para el público.
Ahora bien, cuando me refiero a que entendí que pasaba con la opinión en los medios nacionales, hablo que gracias a pensar en las conversaciones con taxistas y leer esas dos exquisitas columnas, pensé en la poca profundidad de la mayoría de columnas de opinión en este país, y resultan siendo una réplica bien escrita de los comentarios poco sostenibles de personajes como taxistas y adictos a los noticieros; columnas llenas de vacíos de investigación y de contextualización que dejan en el lector el sin sabor de leer lo que escucha en conversaciones de esquina.
Colombia tiene buenos columnistas, estoy segura, pero este hecho se ve opacado por ejemplo con asuntos como lo que hacen ciertas emisoras al hablar de algunos temas con pocos análisis, o con apreciaciones que todos los expertos en medios repiten como loros.
Contrariamente sucedió con las columnas que mencione en un párrafo anterior, dos textos con un uso del lenguaje estéticamente apreciable, con un contenido intacto que sin atacar, sin mostrar mucha subjetividad, usando buenas fuentes y referencias logró impactarme como lectora y me permitió diferenciar entre columnistas que piensan en escribir buenas columnas y columnistas que piensan en cumplir con su trabajo de escribir.
El periodismo de opinión en Colombia es pertinente cuando se hace pensando en enseñar a la gente, en permitirle pensar diferente, observar puntos de vista, escoger por lo que crea conveniente, y sobretodo enterarse que si se puede hablar, si se puede generar resistencia, se vale pensar, hablar y expresar.
Sin embargo, esta forma de opinión necesita mejoras urgentes que piensen en colectividad, que no olviden el pasado, que no mientan a la gente y que la impulsen a generar otra opinión diferente a la que ya han escuchado.
Antes de terminar quisiera mencionar una forma de opinión que no está aislada de este análisis, la caricatura, una forma de arte que permite al igual que un texto la inspiración de alguien que con un dibujo y seis u ocho palabras logran expresar su opinión. Esta forma de periodismo de opinión, necesita de todas las características importantes para formar un texto, porque desde el dibujo narra de manera contundente y las palabras se hacen innecesarias.

“Quién tiene los más fuertes argumentos no es quien siempre gana la pelea”. Alguna vez la escuche de una profesora de la Universidad refiriéndose a que los argumentos necesitan hechos, en este caso por ejemplo la investigación y el buen análisis.


POR: MARCELA PALACIO OROZCO