lunes, 10 de mayo de 2010

Lo pertinente al borde de la impertinencia


¿A quién no le ha tocado tener una conversación de política con un taxista o aún peor con los tíos, abuelos y otros familiares, que no escuchan y hablan desmesuradamente de los mismos temas, con las mismas excusas y repiten como loros lo que escucharon en el noticiero de medio día?
La situación es bastante particular y hace de la opinión un asunto generalizado y con grandes polarizaciones, me refiero a que no hay puntos medios, sólo pasiones encontradas entre los que les gusta y los que no les gusta ciertos temas.
Para hablar de pertinencia es necesario partir de esta situación porque con base en esta se puede determinar lo que es pertinente y lo que no lo es en ciertos casos como en el mencionado al principio.
Terminando la semana empecé a leer diariamente algunas columnas de opinión como las de SEMANA, El Colombiano y El Tiempo, y seguía escuchando en las mañanas la emisora que siempre escucho, LA F.M, cuando voy en el carro para la Universidad; leyendo esto no pasaba nada raro, o por lo menos nada diferente a lo que yo escuchaba repetidamente en los medios, sólo al leer dos columnas propiamente, una en SEMANA y otra en El Colombiano entendí que sucedía con la opinión en Colombia y lo impertinente que era sobre ciertos temas.
Primero, antes de dar a conocer lo que entendí que pasaba con la opinión en Colombia, mencionaré ciertos aspectos rescatables como por ejemplo: la proximidad en los temas de opinión de los medios nacionales, son correctos y bien pensados, así mismo la variedad de los temas para todos los públicos, no sólo se refiere a temas políticos como pasa frecuentemente en Colombia, sino que usa otros de actualidad y de interés social para el público.
Ahora bien, cuando me refiero a que entendí que pasaba con la opinión en los medios nacionales, hablo que gracias a pensar en las conversaciones con taxistas y leer esas dos exquisitas columnas, pensé en la poca profundidad de la mayoría de columnas de opinión en este país, y resultan siendo una réplica bien escrita de los comentarios poco sostenibles de personajes como taxistas y adictos a los noticieros; columnas llenas de vacíos de investigación y de contextualización que dejan en el lector el sin sabor de leer lo que escucha en conversaciones de esquina.
Colombia tiene buenos columnistas, estoy segura, pero este hecho se ve opacado por ejemplo con asuntos como lo que hacen ciertas emisoras al hablar de algunos temas con pocos análisis, o con apreciaciones que todos los expertos en medios repiten como loros.
Contrariamente sucedió con las columnas que mencione en un párrafo anterior, dos textos con un uso del lenguaje estéticamente apreciable, con un contenido intacto que sin atacar, sin mostrar mucha subjetividad, usando buenas fuentes y referencias logró impactarme como lectora y me permitió diferenciar entre columnistas que piensan en escribir buenas columnas y columnistas que piensan en cumplir con su trabajo de escribir.
El periodismo de opinión en Colombia es pertinente cuando se hace pensando en enseñar a la gente, en permitirle pensar diferente, observar puntos de vista, escoger por lo que crea conveniente, y sobretodo enterarse que si se puede hablar, si se puede generar resistencia, se vale pensar, hablar y expresar.
Sin embargo, esta forma de opinión necesita mejoras urgentes que piensen en colectividad, que no olviden el pasado, que no mientan a la gente y que la impulsen a generar otra opinión diferente a la que ya han escuchado.
Antes de terminar quisiera mencionar una forma de opinión que no está aislada de este análisis, la caricatura, una forma de arte que permite al igual que un texto la inspiración de alguien que con un dibujo y seis u ocho palabras logran expresar su opinión. Esta forma de periodismo de opinión, necesita de todas las características importantes para formar un texto, porque desde el dibujo narra de manera contundente y las palabras se hacen innecesarias.

“Quién tiene los más fuertes argumentos no es quien siempre gana la pelea”. Alguna vez la escuche de una profesora de la Universidad refiriéndose a que los argumentos necesitan hechos, en este caso por ejemplo la investigación y el buen análisis.


POR: MARCELA PALACIO OROZCO

No hay comentarios:

Publicar un comentario