lunes, 22 de febrero de 2010

Nos parecemos a nuestros medios

El siguiente artículo es producto de mi opinión acerca del texto escrito por Jorge Orlando Melo, "Censura y ambiente de negocio", en el cual el autor se refiere a su inconformidad respecto al fin de los medios de comunicación que como en el caso de la televisión sólo quieren entretener y dejan a un lado la labor de informar para dar al público lo que quiere y no lo que de verdad necesita.

Cuando llegas a la Universidad te enseñan que tu labor como periodista va dirigida a la sociedad, al interés común que prevalece sobre el individual, y como profesional uno lo quiere hacer, trabajar por la comunidad y por sus derechos, informar verazmente y sin tomar partido. La pregunta es: ¿qué pasa cuando quieres trabajar en un medio que está polarizado y si no escribes lo que ellos quieren no trabajas para ellos?, ahí empieza el dilema del periodista entre si elegir ser un excelente periodista independiente y buscar donde ser leído, escuchado o visto o trabajar para ese medio en particular y acomodarse a sus reglas. Los periodistas también necesitamos comer y sobrevivir y si como independientes no encontramos nada, por un momento hay que detenerse y pensar lo que somos como profesionales y lo que necesitamos como seres humanos. Lo que estoy afirmando no es por falta de ética, sino porque a pesar de todo primero es uno como persona y luego como ciudadano que le interesa el bienestar colectivo.
Luchar contra los medios de comunicación es una causa perdida en países como Colombia donde los grupos económicos más importantes son quienes los manejan, o que decir de RCN, Caracol Tv y El Tiempo donde lo más importante es manipular la opinión de la gente, previniendo posibles desacuerdos y mucha información; porque la mejor manera de tener a un pueblo sometido es a través del desconocimiento y la mejor muestra de esto son los noticieros del medio día de los canales nacionales.
Cuando al público se le da lo que pide hay un negocio gigante, porque es seguro que el público lo consume como producto, y no se pregunten desde cuando los medios son producto, porque es la culpa de todos los que aún los consumimos y sentimos que haciéndolo estamos lo mínimamente informados, ósea que no sólo es culpa del periodista que para poder sobrevivir trabaja en él, sino del médico, del contador, del abogado que saben que los engañan y los siguen viendo, la culpa de que los medios sean productos es de todos los que poseen conocimiento, saben que lo que hacen los medios está mal y no protestan, no dicen nada, simplemente lo hacen parte de su cotidianidad y los siguen consumiendo.
Quizás con la primera premisa de este artículo, en la que menciono que el periodista necesita comer y sobrevivir muchos me juzgaran porque parece que la Universidad no me ha servido de nada, pero déjenme decirles que cuando uno conoce la problemática de donde vive y está inmerso en su cultura puede afirmar sin temor lo que yo dije. Colombia vive en la cultura del silencio, de la no protesta y del desconocimiento provenientes del miedo en el que hemos estado inmersos durante 50 años, no le pidamos a una sociedad precaria que tome decisiones y actué contra los medios de comunicación, porque hay quienes aún los sienten como sus únicos aliados y los únicos que les dicen la verdad; características que deberían esperar de los políticos que eligen pero que resulta difícil cuando la mitad del Congreso es investigada por nexos con grupos al margen de la ley.
Ahora si puedo decir, las sociedades no se merecen los medios que tienen, sino que las sociedades se parecen a los medios que tienen.

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